El gobernador de California, Gavin Newsom, enfrenta crecientes críticas por un plan de redistritación que, de aprobarse, suspendería la independencia de la comisión ciudadana creada en 2008 y 2010 para garantizar imparcialidad en el trazo de distritos.
El proyecto, respaldado por el Comité de Campaña Demócrata (DCCC), busca trazar un nuevo mapa que podría otorgar hasta cinco escaños adicionales a los demócratas en el Congreso, para pasar de 43 a 48, dejando solo 4 distritos republicanos.
Sin embargo, las preocupaciones trascienden lo partidista. De acuerdo con especialistas y líderes comunitarios, la iniciativa no solo contradice la voluntad expresada por más del 60% de los votantes que exigieron procesos libres de manipulación política, sino que también amenaza con dividir comunidades históricamente cohesionadas en lo social, cultural y económico.
“Lo que Newsom está haciendo es desgarrar la Constitución de California y pisotear la democracia”, denunció el NRCC. En la misma línea, Corrin Rankin, presidenta del Partido Republicano estatal, advirtió que los nuevos mapas “borran barrios completos, separan ciudades hermanas y debilitan la voz de las minorías que supuestamente dicen proteger”.
Para sus críticos, la propuesta no es una defensa de los intereses de California, sino un movimiento estratégico desde Sacramento para alterar las reglas electorales, manipular resultados y asegurar ventajas inmediatas para el Partido Demócrata, aún a costa de la cohesión social y la confianza pública.



