Sus giros arriesgados se celebraban como audaces, pero ahora su nuevo álbum ha sido visto como un intento forzado.
Cuando una artista del calibre de Taylor Swift habla de su evolución musical, las expectativas se disparan. Así que cuando finalmente salió The Life of a Showgirl, en lugar de abrir un nuevo capítulo triunfal, muchos escucharon un tropiezo: letras que coquetean con lo infantil, un concepto sobrevendido y una identidad sonora que a menudo suena desconectada. El clamor de que esta era marcaría su gran reinvención ahora suena como advertencia.
Aunque las cifras comerciales fueron históricas, con más de 2.7 millones de copias vendidas en el primer día solo en Estados Unidos y el álbum con más preguardados en la historia del streaming, la recepción crítica ha sido tibia. Mientras antes sus giros arriesgados se celebraban como audaces, Showgirl fue visto como un intento forzado. Sus temas prometen brillo y oscuridad: la vida de la showgirl, fascinante arriba del escenario y vacía tras bambalinas. Pero, según los críticos, falla en sostenerlo con letras consistentes, producción coherente o emoción genuina.
En el tema“The Fate of Ophelia”, el momento más cercano a que ella viva su propio mito, en vez de dominar con dramatismo, cae en un registro conversacional sobre tambores tímidos. O “Father Figure”, que endurece un sample de George Michael, pero cuyo resultado parece un contrato emocional más que una confrontación poética. Y “Actually Romantic”, supuestamente dirigida a Charli XCX, convierte la disputa en pop mezquino, más taimado que convincente.
Luego está “Wood”, con sus eufemismos vergonzosos (“su amor fue la llave que abrió mis muslos”) e imágenes sexuales forzadas, en contraste con la intimidad sutil que Swift solía explorar. Si dice querer una sensualidad madura y liberada en este álbum, el resultado suena más a valentía torpe que a evolución artística.
Aunque hay momentos elegantes en “Opalite” o “Cancelled!”, se sienten como islas en un mar de inconsistencias tonales. La reunión con los productores Max Martin y Shellback fue una apuesta valiente, pero Showgirl padece el mismo problema que intenta resolver: prioriza el estilo por encima de la sustancia.
Aun así, cada movimiento de Swift cautiva, sobre todo cuando la ambición está tan a flor de piel. Pero The Life of a Showgirl podría marcar un punto de inflexión: la era en la que ni siquiera su estrella basta para ocultar un núcleo inestable. La pregunta ahora es si Swift podrá reagruparse, recalibrar y recuperar el escenario narrativo que alguna vez dominó con tanta naturalidad.



