Hipnocracia: un experimento filosófico entre algoritmos, ficción y verdad

La polémica sobre el uso encubierto de IA como coautora, lejos de empañar el proyecto, lo fortaleció.

En un mundo saturado de narrativas digitales, el filósofo italiano Andrea Colamedici decidió lanzar una provocación disfrazada de libro: Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidadPresentado como la obra de un supuesto pensador hongkonés afincado en Berlín, Jianwei Xun, el libro fue aclamado como una guía lúcida sobre el poder y la manipulación en la era de la hiperconectividad. Pero el autor no existía.

La revelación —hecha por la revista L’Espresso— no fue un accidente. Colamedici, cofundador de la editorial Tlon y único verdadero autor del libro, había diseñado el engaño como un experimento filosófico: combinar inteligencia artificial, pensamiento crítico y performance para obligar al lector a cuestionar qué es verdad y qué es autoría en la era digital. “No es solo un libro, es una advertencia. Una invitación a repensar cómo pensamos”, declaró.

En el libro, Colamedici disecciona cómo líderes como Trump y Musk manipulan la percepción pública, no ocultando verdades sino saturando el espacio con versiones múltiples de la realidad. “Hoy no se controla a través de la represión, sino del exceso”, sostiene. Y es ahí donde surge el concepto de Hipnocracia: una forma de poder que actúa sobre nuestra conciencia a través de algoritmos, interfaces y narrativas hechas a medida.

El texto, escrito íntegramente por Colamedici, fue alimentado por una metodología que él mismo enseña en el Instituto Europeo de Diseño: usar IA no para generar respuestas, sino para oponer ideas, contrastarlas y criticarlas. “La IA no es un oráculo, es un espejo. Y si no la entendemos como herramienta, nos convertiremos en esclavos de sus reflejos”, advierte.

La polémica sobre el uso encubierto de IA como coautora, lejos de empañar el proyecto, lo fortaleció. Vendió casi 5,000 copias y se tradujo a varios idiomas. Para Colamedici, la reacción pública —mezcla de fascinación y decepción— revela nuestra crisis contemporánea: el deseo de certezas en una época que solo nos ofrece espejismos.

“El objetivo era hacernos pensar. Y sí, muchos se sintieron engañados. Lo lamento, pero era necesario”, afirma. “Si no intervenimos en la narrativa, la extrema derecha lo hará. Y mientras nosotros seguimos verificando datos, ellos ya están escribiendo la historia”.

Hipnocracia no es una trampa, sino un espejo incómodo. Uno que refleja nuestras contradicciones, nuestros hábitos tecnológicos y la urgencia de reconectar con el pensamiento como acto vivo. En tiempos de hiperrealidad, quizás el filósofo más necesario sea el que no existe… o al menos, no del todo.

Share this post :

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest